El librero de Jazmina Barrera y Alejandro Zambra

El librero de Jazmina Barrera y Alejandro Zambra
08 de junio de 2020

En el departamento de Jazmina Barrera y Alejandro Zambra se entrelazan distintas bibliotecas. Algunos de sus libros llegaron de Chile acompañando a Alejandro, otros ya estaban aquí y eran de Jazmina y, unos más, los que forman la parte más viva de su colección, son de su pequeño hijo. “Él saca sus libros, juega con ellos, sabe dónde están”, nos dijo Zambra en un momento de la conversación.

Jazmina y Alejandro son escritores, ella —entre otros libros— ha publicado Cuaderno de faros (Pepitas de calabaza, 2019) y Linea nigra (Almadía, 2020). Dos obras que se resisten a la clasificación ordinaria y que parecen nacer de los entrecruzamientos. Por su parte, Alejandro, inició su quehacer como poeta en Chile y pronto se adueñó de otros espacios, justo como puede mirarse en las novelas y los ensayos que tiene publicadas bajo el sello de Anagrama —en lo personal, a mí me gustan Bonsái y No leer— y que, en más de una ocasión, se han merecido premios. Es más, su más reciente novela, Poeta chileno, acaba de llegar a las librerías.

Conversar con ellos es simple, agradable y, justo por eso, vale más que el preguntador se eclipse para que sus palabras fluyan sin que nadie los interrumpa.

ALEJANDRO: Nunca hemos contado cuántos libros tenemos en nuestra biblioteca. A mí me parece muy extraña esa costumbre. A decir verdad, nosotros juntamos nuestros libros, pero los míos eran muy pocos, pues antes de salir de Chile tuve que tomar una decisión: si debía trasladarme con mi biblioteca o dejarla allá. Opté por dejarlos. En esa ocasión sí los conté, pues los doné a una biblioteca y para hacerlo tuve que enlistarlos y clasificarlos. Casi eran cuatro mil. Los únicos que no doné fueron algunos favoritos, sobre todo de poesía chilena, y los que estaban dedicados, a esos les tengo mucho cariño, así que me los traje a México. La verdad es que no sé cómo nos hubiéramos arreglado con cuatro mil libros más en este departamento.

JAZMINA: Eso hubiera sido imposible.

ALEJANDRO: Básicamente nuestra biblioteca es la de Jazmina y, por supuesto, también contiene los libros que juntos hemos acumulado durante estos tres años.

JAZMINA: Nuestra biblioteca está muy viva, todo el tiempo llegan y salen libros de ella. La única vez que intenté contarlos fue cuando hice un ejercicio para saber qué proporción de hombres y mujeres había en ella, pero sólo lo hice en uno de los libreros. El resultado fue interesante: 55 por ciento de mujeres y 45 por ciento de hombres. Eso me dejó muy satisfecha.

ALEJANDRO: Al comienzo yo tenía un deseo de coleccionar. Como no había libros en mi casa, todos los que llegaban eran míos y yo sentía un placer asociado a la acumulación. Esa era una biblioteca perfecta: todos los libros los había leído y, a veces, hasta los había releído. Estaban subrayados y eran como mi ropa: algo absolutamente personal. Con los años me fui olvidando de esta colección hasta que decidí desprenderme de ella. Yo vivía en una casa-biblioteca y estaba todo bien, pero de pronto comencé a sentir que habitaba un cementerio: un lugar repleto de libros que nunca iba a releer y que, seguramente, ni siquiera iba a abrir, a hojear.

JAZMINA: Yo comencé a coleccionarlos cuando era niña. Todas las noches leía con mi madre y todavía conservo algunos ejemplares de esa época. Ahora se los leemos a nuestro hijo. No sabría decir cuál es el género literario que ocupa más espacio en nuestra biblioteca, no la tenemos clasificada de esta manera. En realidad no pensamos mucho en esas clasificaciones, hasta nos estorba un poco pensar en su existencia.

ALEJANDRO: Es cierto, además que nos gustan muchos libros cuya clasificación es difícil, nos pasaríamos el día entero discutiendo si tal libro es un ensayo o una novela…

JAZMINA: Tampoco me atrevería a decir de qué autor tenemos más libros. De autores a los que les tenemos mucho cariño, como Walter Benjamin, Natalia Ginzburg, Robert Walser o Virginia Woolf hemos procurado juntar la obra completa.

ALEJANDRO: Y bueno, hay casos especiales, como César Aira, tenemos como treinta libros de él, pero ha publicado como ciento cincuenta, así que contamos apenas con una pequeña muestra de su producción…

JAZMINA: En la biblioteca también tenemos un libro antiguo que yo atesoro. Lo heredé de la hermana de la novia de una tía que se mudó a una casa de retiro y se deshizo de su biblioteca. Ella era bibliófila y tenía ediciones muy especiales, entre ellas había una del Orlando de Virginia Woolf que se publicó en 1928, y muy probablemente proviene de la cocina de Virginia Woolf. Eso me da muchísima emoción.

ALEJANDRO: Yo no sé cuál es el libro más antiguo que tengo, pues me desprendí de muchos. Pero hubo un tiempo en el que fui medio bibliófilo, unos seis meses o un año a lo más, eso se terminó, afortunadamente… En ese tiempo acumulé primeras ediciones de los poetas chilenos que me interesaban, de Jorge Teillier, Enrique Lihn y Gonzalo Millán entre otros. Algunos de ellos los conservo y me acompañaron desde Chile. Son los únicos libros que no presto. O bueno, igual los presto a veces. En algún momento yo era muy mezquino con los préstamos de libros, pero después comencé a prestarlos sin importar si me los devolvían o no, aunque hay algunos que sólo he prestado con condiciones como La nueva novela, de Juan Luis Martínez, un libro-objeto que es muy difícil de conseguir.

JAZMINA: Cuando comenzamos a ordenar nuestra biblioteca tratamos de dividirla por idiomas y algo queda de esa clasificación, pero poco a poco se ha ido desordenando. También tenemos algunos estantes temáticos. Yo tengo una pequeña colección de libros que tienen que ver con faros y otra de cuentos de hadas, que es el tema del que escribí mi tesis de licenciatura. Estudié Letras inglesas y soy bastante anglófila, por eso entre mis libros preferidos están The Heart is a Lonely Hunter de Carson McCullers, Marca de agua de Jospeh Brodsky, y la obra de Angela Carter y Shirley Jackson.

ALEJANDRO: Un criterio general que hemos seguido para organizar la biblioteca es no saturar ningún espacio. En la sala son notorios, pero hay pequeños libreros repartidos en distintos lugares de nuestro departamento. En la pieza casi no tenemos libros, apenas tenemos un pequeño estante. Nuestro hijo también tiene su pequeña biblioteca que, por supuesto, es la más viva de toda la casa. Él saca sus libros, juega con ellos, sabe dónde están. Los libros chilenos están en un cuartito en la azotea que es el lugar donde escribo. A ese espacio yo lo llamo Chile y hasta tengo la idea de que es territorio chileno… Uno de los libros que más quiero es La cajita de los Artefactos de Nicanor Parra, porque me lo firmó Nicanor, que era muy reacio a firmar los libros, pero una mañana se lo llevé y él me lo firmó sin que se lo pidiera. Lo mismo me pasa con una primera edición de las Décimas de Violeta Parra, a este libro le tengo mucho cariño porque no es mío, estaba en la biblioteca de los abuelos de Jazmina. No sé si en tu familia saben que te lo robaste para regalármelo.

JAZMINA: Se están enterando ahora. +

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