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Lecturas para curar el corazón roto

Lecturas para curar el corazón roto

Raquel Castro


Ah, qué bonito es el amor, piensa una, hasta que le rompen el corazón por primera vez. O por segunda vez. O tercera, cuarta, quinta, sexta. La verdad es que las experiencias previas no necesariamente hacen más sencillas de superar las siguientes roturas cardiacas; pero tampoco es que podamos (¡o debamos!) evitar el enamoramiento, incluso si nos exponemos al sufrimiento de un querer no correspondido o de un truene.

Eso sí: cuando estamos ya en la situación (cuando ya nos aventamos de cabeza en la limeranza y ya disfrutamos de las mieles de la correspondencia y llegamos al cruel adiós; o cuando nomás nos aventamos de cabeza para descubrir que la alberca del amor no tenía agua y ya nos rompimos la maceta por acelerados), ¿qué? ¿Cómo hacemos para seguir adelante, jurar que no me vuelvo a enamorar totalmente para qué, tragarnos nuestras palabras y volver a aventarnos de cabeza? Confío en que no estén ustedes esperando que les dé una receta al respecto, porque no la tengo. Pero eso sí, tengo algunas recomendaciones de libros que pueden ayudar en el proceso. Algo es algo, ¿no?

Voy a comenzar con Muerto de corazón, de Ricardo Chávez Castañeda Fabiola Baires y José Cortés, publicado por la editorial Pearson, que narra la historia de un adolescente perdidamente enamorado de alguien que nomás no le va a corresponder nunca: su maestra. Puede parecer algo trivial, pero la intensidad con la que lo vive el personaje, sumado a la fuerza y la elocuencia con las que lo describe el autor, hacen no sólo que entendamos su predicamento sino que, además, lo hagamos nuestro: como quien dice, empatía de la buena.

Pero… ¿no sería mejor leer historias de acción, risa y aventuras; o de terror o misterio? ¿Y como por qué querríamos leer historias de gente que sufre mal de amores cuando estamos sufriendo mal de amores? Pues por la misma razón que, cuando andamos con el corazón destrozadillo nos da por escuchar canciones de desamor: el hecho de saber que alguien más pasó por algo similar nos proporciona cierto consuelo; es como un espejo que nos hace ver que, por lo menos, no somos unos bichos raros por sentirnos así. No sólo eso. Cuando, además, el espejo en el que nos reflejamos es bonito (en el caso de las canciones significa que tenga versos llegadores y arreglos emotivos; en el de los libros, que haya frases de esas que parecen puñetazos de boxeador o pellizcos de monjita), es como si esos autores nos prestaran palabras para darle forma a sentimientos que, de otro modo, podrían quedar un poco en el aire. Y poner los sentimientos en palabras ayuda un montón a superar el mal de amores. En serio.

Y por eso mi segunda recomendación es un libro que no es novela, ni poemario, ni exactamente un ensayo: creo que es lo que resultaría si un libro de autoayuda tipo Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido, de Walter Riso (Planeta), y uno de creatividad estilo Destroza este diario, de Keri Smith (Paidós), tuvieran un hijito. Puede sonar como un frankenlibro, pero en realidad es un ensayo honesto, ameno y muy divertido. Se titula Uno siempre cambia al amor de su vida (por otro amor o por otra vida), publicado por Planeta, y la autora/diseñadora es Amalia Andrade Arango. De entrada, llama la atención su estilo lúdico, tanto en el diseño como en el tratamiento (parecería escrito a mano y está lleno de dibujitos, referencias pop y espacios para llenar uno mismo); pero conforme uno avanza se puede dar cuenta de que hay una investigación de fondo seria y responsable (nada de consejos contraproducentes, datos falsos o comentarios al vuelo que puedan hacer más daño que bien), además de testimonios de otras personas que han pasado por las mismas (con lo que se genera la empatía de la que hablábamos antes). Y todo, dirigido específicamente a los adolescentes; pero seguro que puede ayudar a personas mayorcitas que sean jóvenes de corazón (a lo mejor lo tienen roto; pero aunque esté roto es un corazón juvenil).

Para terminar, ahora sí, una buena historia de horror, pero que incluye corazones rotos: El traje del muerto, de Joe Hill (DeBolsillo). En inglés, el libro se llama Heart-Shaped Box (o sea, “Caja con forma de corazón” que, por cierto, es el título de una canción de Nirvana) y cuenta la historia de un cantante famoso que es perseguido por un fantasma, debido a algo relacionado con… claro, un corazón roto. No les cuento más de la trama, para que no me acusen de espoilearles el espanto. Pero les garantizo al menos un par de sustos y una lectura muy disfrutable (si es que, como yo, disfrutan las historias de horror).

Y bueno, como dice Amalia Andrade en Uno siempre cambia al amor de su vida…:

Todos andamos por ahí con nuestras heridas a la derecha, nuestras alegrías a la izquierda. Pero nuestras fracturas siempre sanan.

Lo que hace falta para que sanen es un poco de tiempo. Y si necesitamos hacer tiempo, ¿por qué no disfrutar mientras un buen libro… o varios?  

El hecho de saber que alguien más pasó por algo similar nos proporciona cierto consuelo; es como un espejo que nos hace ver que, por lo menos, no somos unos bichos raros por sentirnos así.

Poner los sentimientos en palabras ayuda un montón a superar el mal de amores.

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