Las mujeres hacen todo el trabajo creativo: Vandana Shiva explica el ecofeminismo

Las mujeres hacen todo el trabajo creativo: Vandana Shiva explica el ecofeminismo
Yara Sánchez De La Barquera

Existen estas dos realidades: por un lado, en la sociedad industrial impera el sistema patriarcal y, por otro, que hay una enorme diferencia entre las maneras en que los hombres y las mujeres entienden el mundo y la creación. El ecofeminismo da una resolución plausible, según lo explicó en entrevista su creadora, la activista hindú Vandana Shiva.

¿Cómo se da el ecofeminismo en ese panorama de aparentes obviedades?

VANDANA SHIVA: Muchas sociedades han sostenido el dominio de los hombres sobre las mujeres, pero es con el ascenso de la industrialización que el poder del dinero se combinó con el poder patriarcal para crear lo que llamamos el capitalismo patriarcal, que conquistó todos los demás aspectos de la vida, de la naturaleza y del trabajo de las mujeres, haciéndolas invisibles, como si ellas no trabajaran. Como si la naturaleza no creara.

Durante muchos años he lidiado con el hecho de que las corporaciones se portan como si ellos hubieran inventado la vida, y por ello quieren obtener dividendos de esa vida. Y no es cierto; no. No creas la vida. Puedes añadir un gen, pero añadir un gen es como traer un mueble a este hotel, y yo no hice este hotel. Yo no hice el Centro Histórico de la Ciudad de México: no puedo apropiarme de toda la creación por un acto invasivo. De igual manera sucede con la idea de que las mujeres no trabajan, cuando las mujeres hacen todo el trabajo del mundo: “las mujeres no pueden pensar, son pasivas”, cuando hacen todo el trabajo del pensamiento creativo de cómo enfrentar la escasez y mantienen a las familias unidas. Es brillante cómo tú, aun en condiciones de pobreza, traes alimentos a la mesa. Todo eso es creatividad. Sabiduría.

Lo que tenemos es un puñado de hombres poderosos, que hoy se reducen a cinco millonarios que controlan la mitad de la riqueza del mundo, que quieren destruir todos los aspectos de la economía que no pueden controlar, y tomar todos los aspectos de los cuales pueden obtener beneficios. Así que si puedo comprar algo contigo directamente en efectivo, eso es lo que no quieren, quieren que sea digital. Si puedo hacer negocios directamente con los agricultores, y que tú puedas consumirlo, ellos se lo quieren apropiar a través del TLCAN, destruyendo la cocina de México. He visto los estragos causados en la comida en este país como en el mío cuando el tratado asume el control.

El ecofeminismo es reconocer que las creaciones de la naturaleza y la creatividad de las mujeres —y la de los campesinos, y de los trabajadores— son todos importantes para que se tomen en consideración. Esa es la verdadera economía. La economía de la naturaleza, la economía de los pueblos, la economía de las mujeres, la economía de los campesinos, porque son las economías que producen cosas reales. Gandhi decía: “La riqueza sin trabajo es el pecado final”, y tenemos un sistema económico con dueños de las principales compañías, como Jeff Bezos (Amazon), quien hoy controla toda la distribución en el mundo, o Bill Gates, que no produce nada, pero controla todo el software a través de las licencias. Todo esto es riqueza sin trabajo. Y está castigando a la verdadera riqueza creada a través del trabajo de los campesinos, las mujeres y los trabajadores.

Sobre compañías como Monsanto, ha advertido el riesgo de que se apropien de las semillas, y habló de una hermosa manera sobre lo que significan las semillas y su capacidad de multiplicarse libremente en el mundo, y lo que significa la creación.

En mi lengua, semillas se dice beej, «la que evoluciona y crece por sí misma por siempre y para siempre desde ella misma». Si tomo una pequeña semilla de maíz y la siembro, me dará una planta enorme, con cientos de miles de semillas. Es el poder de la semilla: multiplicarse, reproducirse, ser compartida. Compartir es parte de la naturaleza de la semilla. Eso es lo que la economía de la avaricia, la economía de Monsanto, la economía de las grandes empresas quiere apagar. No quieren que las semillas se reproduzcan y se compartan, y mi trabajo durante los últimos treinta años, ha sido crear el movimiento Navdanya, que significa Nueve semillas, y que es el movimiento por la libertad de las semillas para evolucionar por sí mismas y adaptarse, porque estamos viviendo tiempos de cambio climático. Y sólo la semilla tiene la inteligencia para adaptarse a los cambios del clima.

Robar el gen de las semillas de estos receptáculos de sabiduría de la India, como lo hace Bill Gates, y decir después que crearon el mapa genético de las semillas, no tiene que ver con la adaptación a estas amenazas. La libertad de las semillas es la libertad de los campesinos; es reconocer que ellos cultivan esas semillas y que comparten esa creación. Es un derecho inalienable, por eso en India hemos luchado por leyes que reconocen los derechos de los campesinos. He escuchado que en el nuevo TLCAN hay un apartado para traer semillas al UPO-99, que convertiría a la semilla en parte del monopolio de las grandes corporaciones, que hoy ya se han reducido a tres: Monsanto, que se fusionó con Bayer; Dow Chemical, que se fusionó con Dupont, y Syngenta, que se fusionó con ChemChina. Las compañías que llevan los agroquímicos tóxicos al campo están ahora tratando de controlar las semillas.

Es momento de recuperar nuestras semillas y nuestros alimentos, y las mujeres son las que lideran. Deben estar al frente y por ello estamos organizando el Festival Bhoomi, un evento bellísimo en el que clamamos por la libertad: hacemos diferentes tipos de pan, exhibimos varios tipos de verduras y decimos que jamás permitiremos que eso sea destruido, porque nosotras seguimos a Gandhi, quien dijo: “El deber para seguir las leyes superiores de la Tierra y las leyes superiores de la humanidad, es un deber que debemos obedecer, y si las leyes de los hombres están convirtiendo estas leyes en algo ilegal tenemos como deber el desobedecer esta leyes y perseguir las leyes superiores con la fuerza de la verdad”.

¿Cúal fue el momento que la hizo decidirse a tomar acción ante lo que está sucediendo?

Hay muchos momentos que te despiertan, y es tu decisión despertar o seguir caminando como sonámbulo de manera egoísta. Mi primer momento fue cuando fui a visitar mi sitio favorito en la montaña antes de regresar a terminar mi doctorado en Canadá y quería llevar un arroyo que estaba ahí, en mi corazón. El arroyo ya no estaba ni tampoco el bosque, y fue el momento cuando me di cuenta que tenemos el poder de destruir a la naturaleza. Me uní al movimiento Chipko, donde campesinos pobres y mujeres en la India abrazan a los árboles para evitar la tala, Y aunque regresé a terminar mi doctorado en Canadá, regresaba a la India cada verano, cada invierno y participaba como voluntaria en este movimiento donde aprendí lecciones básicas de ecología y biodiversidad, de la sabiduría de las mujeres y del poder de la no violencia de las mujeres.

El segundo momento fue cuando en la tierra donde hice mis estudios en Física en la Universidad de Punjab, una tierra pacífica y próspera, en 1984 hubo un brote de violencia y los militares entraron a la tierra sagrada de los Sikhs, que son los religiosos que usan turbantes y que creen en las revelaciones de Guru Nanak, y murieron más de dos mil personas. Entonces pensé: “¿qué sucedió en esta tierra donde estudié y que es una tierra pacífica?” Y escribí sobre la violencia en la revolución verde, que es lo que me hizo profundizar en la agricultura, pero yo sigo a Gandhi cuando dice: ‘Tú debes ser el cambio que quieres ver”. Se volvió una necesidad para mí entender qué sucedió mal, escribir sobre ello. Tenía que ser el cambio que quería ver y comprometí mi vida a la agricultura sin violencia, así la llamé, hacer agricultura con la naturaleza. En 1987, por mi libro sobre la revolución verde, me invitaron a reuniones donde las industrias tóxico-agrícolas decían que ellos eran dueños de las semillas, y en ese momento desperté a la realidad de que habría personas que querrían atribuirse ser los creadores de las semillas. A veces hago la broma de que para Monsanto, GMO significa “Dios, hazte a un lado (God Move Over), la creación no importa, nosotros somos los creadores, nosotros vamos a cobrar derechos de por vida”.

Las mujeres en México son vistas como objetos y no como sujetos. ¿De qué manera impacta esto en nuestra sociedad?

Parte de la programación de la avaricia y la mente capitalista patriarcal es que crea una manera de cosificación, entonces la naturaleza se convierte en un objeto que debe ser arrancado y destruido. Solo veamos lo que ha sucedido en los últimos veinte años, los años de la globalización y el tratado de libre comercio. Cuántos automóviles se han fabricado, cuánto combustible se ha quemado, cuántos gases de efecto invernadero están en la atmósfera desestabilizando nuestro clima. Todo esto es un efecto de la avaricia.

La segunda parte de la cosificación es la de las mujeres. No nos ven como seres humanos iguales, y ni siquiera como las madres de la sociedad. No habría nadie, ni hombres ni mujeres, sin una madre. Las culturas antiguas reconocen a la Tierra como una madre, y la gente debe reconocer a las mujeres como madres, respetarlas por eso y tenerles deferencia. Y conforme las sociedades se degradan, como la sociedad se siente vulnerada, la gente perpetra violencia contra las mujeres, que es el último escalón de la degradación.

La cosificación de las mujeres está sucediendo en todo el mundo. En la India las violaciones tumultuarias se han incrementado, en México las mujeres están desapareciendo, por eso necesitamos tener reverencia por toda forma de vida, igualdad, respeto por la diversidad y la habilidad de convivir pacíficamente. Si no tenemos éxito en esto nos vamos a aniquilar a través del odio, la cosificación y el fin de las especies a través de la destrucción de la Tierra. Pero tenemos este otro camino de la no violencia, y son las mujeres las que guían por ese camino. Si las mujeres nos guían a través de ese camino, la humanidad tiene una oportunidad en el futuro.

Las personas que vivimos en la ciudad, ¿de qué manera podemos apoyar este movimiento en favor de la tierra y los agricultores?

Cada vez que comemos, debemos estar agradecidos por los alimentos que tenemos, y ser conscientes de lo que estamos comiendo. ¿Estamos comiendo veneno que genera ganancias para las grandes carteles del veneno, o estamos comiendo alimentos de los campesinos que se preocupan por la tierra? Pienso que nadie debería de comer nada que no provenga de los campesinos que cuidan la tierra. Lo que la globalización y la economía de la avaricia han hecho es convertir a los agricultores en consumidores de sus semillas tóxicas, de su maquinaria costosa y como resultado a de estos costosos insumos se endeudan. Y al mismo tiempo no pagan a los granjeros un precio justo, porque hay pocos compradores que bajan los precios de lo producido de la soya, el maíz y el trigo. Por eso, desde 1985 miles de agricultores en la India se han suicidado, ahogados por las deudas. Son datos oficiales del gobierno. Las zonas con mayor índice de suicidios son las que producen algodón, y sabemos que el 95% de las semillas de algodón son ahora controladas por Monsanto.

Por otro lado, cuando consumimos alimentos cultivados ecológicamente, los campesinos no deben invertir nada en químicos ni semillas porque tienen sus propias semillas. Si comemos alimentos ecológicos, son más sanos, más nutritivos, tienen más nutrientes, más antioxidantes. Por el contrario, la comida que nos envenena hace que crezcan las enfermedades crónicas como cáncer, diabetes. La comida debería ser el regalo máximo de vida.

¿Es posible hacer frente a partir de la no violencia?

La no violencia nos hace fuertes desde dentro. El poder económico y militar de la avaricia es enorme. No podemos enfrentarlo en sus propios términos. Pero podemos superarlo desde dentro. La no violencia nace de la defensa de nuestras familias, de nuestras tierras, de no dejar permear esta nueva forma de colonización. Esa fuerza es la que nos mantendrá, no tenemos más opción que practicarla. Pero no viene de la nada, necesita que la cultivemos conscientemente, como cuando sembramos una semilla la nutrimos a partir de la conciencia, así mismo crecemos en la no violencia, nos cultivamos en la no violencia. Nos educamos en la no violencia y eso significa recuperar nuestro poder.

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