La violencia pasiva: Entrevista con Arun Gandhi

La violencia pasiva: Entrevista con Arun Gandhi
30 de enero de 2020
Yara Sánchez De la Barquera Vidal

A los 12 años, cuando mis padres me llevaron al ashram de mi abuelo en Sudáfrica, yo estaba muy enojado. Casi de inmediato me convertí en víctima del odio y los prejuicios de los blancos y los negros. Solo me quería desquitar, y fue entonces cuando mi abuelo me enseñó que la ira es idéntica a la electricidad: es útil y poderosa, pero solo si se usa de una manera inteligente. Ella es mortal cuando abusamos de su fuerza. Por esta causa, debemos aprender a canalizar la ira; necesitamos tener control sobre nuestras mentes, pero desgraciadamente no lo tenemos, pues nunca hacemos ejercicios mentales.”

En aquellos tiempos, el Mahatma le pidió que escribiera un diario con sus emociones y fortaleciera su mente. “Me puso a hacer un ejercicio todos los días: sentarme en silencio, mantener algo frente a mí y concentrarme en ese objeto durante un minuto. Después

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cerraba los ojos para descubrir cuánto tiempo podía mantener su imagen en mi mente. Al principio se desvanecía, pero cuando comencé a hacer esto regularmente, descubrí que podía mantenerla más y más. Así, cuando enfrenté la siguiente crisis, mi mente ya no se volvió loca.”

En Sudáfrica, el entorno de Arun estaba formado por familias campesinas que recurrían a Gandhi por consejos. Esa era una enseñanza de humildad y compasión. Mientras hablábamos sobre el nombre de nuestra librería, que fue dado en honor a su abuelo y sus lecciones, la pregunta no se hizo esperar: ¿cuál es su lección que a la gente le cuesta trabajo comprender? “Creo que muchos no han entendido la filosofía de la no violencia. Ellos creen que la no violencia es la ausencia de guerra y conflictos. Pero mi abuelo me enseñó que no solo ejercemos la violencia física, también utilizamos la violencia pasiva que, entre otras cosas, lastima con la discriminación, la opresión y la explotación. Esto genera enojo y las víctimas recurren a la violencia física para obtener justicia. La violencia pasiva alimenta el fuego de la violencia física. Debemos apagar esta lumbre y, dado que el combustible proviene de cada uno de nosotros, tenemos la obligación ejercitar nuestra mente.”

Pero eso es algo complicado por el sistema… “Sí, estamos atrapados en el sistema y somos parte de él. Sin embargo, no podemos convertirnos en sus esclavos. Tenemos que darnos cuenta de que hay más en la vida que hacer lo mismo una y otra vez. Si entendemos la filosofía de mi abuelo y comprendemos la idea de paz, será más fácil hacer algo; pero hoy no entendemos nada de esto. Por lo tanto, es muy importante aprender sobre estas cosas y comprenderlas. Así podremos hacer los cambios que queremos ver en nuestro mundo. La meditación ayuda mucho, gracias a ella podemos mirar hacia adentro y descubrirnos. Si la ejercitamos regularmente podremos adentrarnos en el camino correcto, pero si no la practicamos estaremos yendo de aquí para allá, y nuestro andar se convertirá en un círculo”.

Uno de los discursos más poderosos de tu abuelo sostiene que todos somos una familia. Desde que fuiste el adolescente que lo acompañaba hasta hoy, ¿cómo percibes sus lecciones?, ¿cómo se siente llevar ese parentesco? “Debo ser honesto y decirte que, cuando era más joven, sentí que el legado de mi abuelo era una carga muy pesada, porque la gente tenía expectativas muy altas y todo el tiempo me comparaban con él. Un día fui con mi abuela, le dije: ‘No sé cómo voy a vivir con este legado, porque ya se está convirtiendo en algo muy pesado’. Y ella me respondió: ‘Depende de ti, si consideras que ese legado es una carga, cada vez se hará más y más pesada, pero si consideras que este legado es una luz que te muestra el camino a seguir, te será más fácil lidiar con él’. Por eso, ahora, lo veo como una luz y la luz me muestra el camino correcto y me siento feliz”.+

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