La compasión de Ai Weiwei: entrevista

La compasión de Ai Weiwei: entrevista
02 de abril de 2020
Enrique G de la G
En esta entrevista que Lee+ sostuvo en Berlín con Ai Weiwei, el artista chino se distancia de su talante provocador para mostrar su lado más humano y ético. Habla sobre la crisis migratoria y su paso por México.

Veo a Ai Weiwei en un festival de cine que celebran en su honor: todas las películas que le han censurado pueden verse por primera vez en el cine Babylon de Berlín. Los ánimos están un poco tensos, pues hace pocos días, Weiwei declaró que la capital alemana –la ciudad que le dio asilo después de la persecución que sufrió en China– es la peor ciudad del mundo. Los berlineses están indignados: “Si no le gusta, que se vaya”, dicen; “Malagradecido”, murmuran otros; “Que se regrese a China a ver cómo le va”, mascullan más allá.

Weiwei acepta de inmediato la entrevista que le pido en el intermedio, solo me dice que la cuadre con su asistente. Cuando lo quiero retratar, me quita el teléfono y hace una selfie. Y, más aún, al término de la película, se queda ahí –parado durante veinte minutos–, a media cuadra del cine, esperando a sus amigos para regresar caminando hasta su estudio, a merced de quien quiera abordarlo.

Weiwei no es arrogante, no es distante, sino generoso y accesible, me escucha y junta las manos para darme las gracias cuando le digo que ya quedó definida la entrevista. Conocer en persona a Weiwei cambió la percepción que tenía de él a través de los medios y de las declaraciones mediáticas.

Esto fue lo que conversamos.

Ai Weiwei, millones de personas están siendo desplazadas por la pobreza, la dictadura, el hambre y las guerras. ¿Cree que este sea el mayor problema de nuestra generación?

La migración y la situación de los refugiados es un síntoma del largo y continuo proceso de globalización, que impone condiciones económicas extremas a muchas naciones pobres. Es una continuación del colonialismo de siglos pasados. La globalización, con su crueldad y avaricia, ha creado fronteras políticas y económicas muy diferentes de las fronteras que existen entre las naciones. La migración forzada es el resultado natural de la guerra, la hambruna y los cambios ambientales. Desafortunadamente no hay ninguna señal de que esto pueda detenerse porque los líderes mundiales no reconocen el problema filosófico más profundo que enfrenta la sociedad humana. No hay visión ni valor para resolver los problemas más profundos.

¿Cuál es la responsabilidad histórica de Europa en la actual crisis de los refugiados?

A menos que Occidente –Europa y Estados Unidos– reconozca el pecado original del capitalismo y del imperialismo, jamás tendremos una verdadera discusión de estos temas en la conversación dominante. La gente todavía tiene la esperanza de que sigan las cosas como siempre.

Los políticos y los ciudadanos tienen miedo de recibir a los solicitantes de asilo. En lugar de abrir los brazos y recibir a los refugiados, la gente se está moviendo hacia los movimientos políticos de derecha y extrema derecha. ¿No es esto cínico e injusto?

Ser humano consiste en asumir la responsabilidad individual y social en defensa de cada una de las víctimas de la injusticia. Si no volvemos a asumir este rasgo de humanidad, el actual movimiento de derechas puede ser fácilmente cooptado por políticos que promueven un comportamiento simple y antiintelectual. En ese caso, la solución terminará siendo dura e inhumana.

Los ciudadanos de los países desarrollados están preocupados por el calentamiento global, distraídos por los problemas de lujo y no se involucran realmente con la crisis de los refugiados. Sin embargo, tienen un acceso privilegiado a la educación y la información. ¿No debería haber una correlación entre el acceso a la educación y la amabilidad o la compasión? ¿No debería la cultura hacernos más humanos?

El acceso a la información y a la educación no garantizará que las personas hagan el juicio correcto porque no han estado en las mismas condiciones que aquellos que sufren. Su naturaleza egoísta les impide ser compasivos. Creo que entender la humanidad como una unidad debe ser el principio fundamental de cualquier sociedad civilizada. De lo contrario, la crisis siempre será algo que le ocurra a otra persona en otro lugar.

Ha habido un aumento de refugiados en mi ciudad natal en México, y la gente no está contenta de verlos. Esto está sucediendo en todas partes. Usted ha demostrado en sus documentales lo lejos que estamos, como sociedad, de estar preparados para ayudar a los refugiados. Y sin embargo, nuestra generación ha defendido la lucha por los derechos de los animales. ¿Cómo es posible que la crueldad con los animales nos afecte y que nos molesten las personas necesitadas?

Puede sonar religioso, pero comprender la vida siempre ha sido fundamental para entendernos como individuos y como colectividad. Al no tener compasión, al no ayudar a los demás –lo que siempre constituye un desafío–, nos colocamos en una posición extrema. Hemos perdido la capacidad humana más importante, que es comprender que todos somos creados iguales y que nos debemos compasión mutua. Al perder esa base, nuestro propio destino está condenado.

México, que antes era un país amable con los refugiados, se ha convertido en un infierno para los migrantes que tratan de establecerse en el país o en su camino a los Estados Unidos. ¿Cuál es su punto de vista sobre México y la violencia contra los migrantes que hemos presenciado durante años sin fin?

México es una sociedad con una cultura y una gente de lo más amables, pero al mismo tiempo sufre un crimen brutal y una estructura política corrupta. El trato duro hacia los migrantes muestra que la cultura mexicana está cambiando hacia un ambiente menos favorable para la supervivencia humana.

¿Hay algún otro tema urgente en México que le gustaría documentar y explorar, ahora que ha tenido dos grandes exposiciones en la Ciudad de México y en Monterrey?

Mientras trabajaba en mis exposiciones y en el documental Vivos [sobre los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa], me puse en condiciones extremas para entrar en contacto con la sociedad mexicana, para tratar de entender quiénes son los mexicanos. Estoy profundamente convencido de que he encontrado a la gente más amable, más cálida y más tolerante. Tienen integridad, son inteligentes y están decididos a lograr la justicia social.

Mi exposición continúa en el Hospicio Cabañas de Jalisco. Este es el tercer espacio en México. Los tres museos han demostrado altos niveles de profesionalismo, tanto en el manejo de las obras como en la comunicación intelectual, lo cual es raro de encontrar, incluso en Occidente. +

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