Georges Perec, entre lo efímero y lo eterno: ‘La vida, instrucciones de uso’

Georges Perec, entre lo efímero y lo eterno: ‘La vida, instrucciones de uso’

R. de la Lanza

Los edificios habitacionales son la marca indeleble de la modernidad urbana. En esos edificios las vidas de los condóminos se rozan, se tocan, se cruzan, se miran a distancia.

Georges Perec (París, 1936-Ivry-sur-Seine, 1982) tomó un edificio de departamentos y, haciendo como si la pared de la fachada no existiera, igual que una casa de muñecas a la que le falta el cuarto muro (también fue cineasta), se puso a describir las habitaciones, los rincones, los muebles, los adornos, los utensilios, los tiliches, las historias y las intimidades de todo lo que había en ese edificio situado en el número 11 de la ficticia calle Simon Crubellier, en el distrito 17 de París, entre 1875 y 1975.

Para el lector-espectador, es decir, el lector acostumbrado a la narrativa visual del montaje cinematográfico hollywoodense, lo que hace Perec esta obra puede resultar desconcertante, pues en lugar de que los personajes nos presenten algún objeto que incite algún excursus, como el que detiene la narración de la Ilíada para detallar las curiosidades del escudo de Aquiles, en La vida instruciones de uso es al revés: los objetos descritos en uno u otro apartamento sacan a colación las historias de sus dueños, haciendo brotar muchas veces hordas enteras de personajes de toda talla y confección: héroes trágicos, amores perdidos y recuperados o no, fortunas amasadas con trabajo o conseguidas por arte de la casualidad, infortunios de todos colores…

Grabados populares, pinturas maestras, carteles publicitarios ofrecen la oportunidad de tantas digresiones e historias: hechos, descripción científica rigurosa, recetas, disertaciones matemáticas, médicas, filológicas y hasta cartográficas, todo ello hace de la novela en un enorme inventario de la humanidad hasta la los tres cuartos del siglo xx (1975) que entraña un enorme catálogo de relatos fascinantemente construidos —como la Biblia, Las mil y una noches, la Divina Comedia de Dante, Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer—, cual si se tratara de una multitudinaria acta de la vida cotidiana, de donde viene la comparación con Balzac (la Comedia humana) y con James Joyce (Ulises).

Los relatos son en su mayoría comprimidos y los temas son diversos como la experiencia humana: un campeón de motociclismo desfigurado en un accidente, un cantante de pop transexual, un lexicógrafo arrepentido, un químico aficionado, un diplomático apasionado, un arqueólogo decepcionado, una soprano rusa, un magnate accidental del equipo de mejoras para el hogar, un acuarelista de segunda categoría, un comerciante de conchas de cauri, un misterioso creador de rompecabezas y una variedad de estafadores, así como la escalofriante confesión de un asesino vengador…

La vida instrucciones de uso satisface todas las posibilidades formales y temáticas de la invención narrativa sin desviarse por completo del la búsqueda de la ambición política o amorosa.

Y con todo el cachondeo que implica un chisme de vecindario —pero vaya forma de contar esos chismes—, es la historia de Percival Bartlebooth, un multimillonario en torno a la que parece orbitar toda la multiplicidad de tramas. Bartlebooth es un excéntrico millonario inglés cuyo loco e inútil proyecto de 50 años es todo un Leitmotiv en el libro: Aburrido por la vida que le da su riqueza, se decide a dominar el arte de la acuarela. No tiene talento, pero finalmente alcanza un nivel satisfactorio. Luego, en compañía de un sirviente, emprende un viaje de 20 años alrededor del mundo con la única intención de pintar acuarelas de 500 paisajes y puertos diferentes.

Bartlebooth se antoja así el vicario de Perec, en cuanto a que es el artífice del rompecabezas que es la novela misma y que encierra muchos guiños, y acertijos. Es así como Perec se vale de lo efímero como pretexto para hacer derroche de su talento.

Para quienes han leído mucho puede ser tentador intentar reconocer pasajes que citan directa o indirectamente a Kafka, Agatha Christie, Melville, Freud, Rabelais, Nabokov, Verne, Poe y muchos otros, pero no reconocerlos no debe ser considerado un fracaso. Perec tenía una mente que era un almacén de conocimientos curiosos y una erudición increíble, y la mitad del tiempo el lector no puede estar seguro de si está recibiendo información o si está siendo engañado, lo cual en realidad no importa. Lo genial de este libro no es el saber enciclopédico de Perec, sino la claridad de su estilo arrollador.

Hace unas semanas, la Editorial Anagrama cometió uno de sus mayores aciertos: lanzar una reimpresión de La vida instrucciones de uso, tenemos la afortunada oportunidad de conocer y enamorarse de esta obra maestra.

Desde su publicación en 1978, La vida instrucciones de uso fue reconocida como obra maestra y Perec recibió el Premio Medicis por esta novela. Ha sido contada por expertos y el público entre las mejores novelas de su década e incluida entre las 100 mejores de todos los tiempos. Más que lectura obligada, es una aventura imprescindible.

@RdelaLanza