Esperar es desaparecer. ‘La estación de las mujeres’, de Carla Guelfenbein

Esperar es desaparecer. ‘La estación de las mujeres’, de Carla Guelfenbein
Viernes 6 de septiembre de 2019
R. de la Lanza

Una banca de cantera grabada con textos, obra de Jenny Holzer (en el jardín frente al Barnard College) detona una fuga bachiana en el idioma de la narrativa en el que las voces de la polifonía son un puñado mujeres y el tema es la espera. 

En esa banca está sentada Margarita el día de su cumpleaños. Su marido no la ha felicitado, quizás porque esté pensando en una de sus alumnas, con la que de seguro la está engañando. Juliana, una pastelera entrada en años, le pide ayuda a Margarita para descubrir la identidad de una mujer que cambió el rumbo de su vida y que conoció en las cercanías de esa misma Universidad cuando tenía 13 años.

Ahora estamos en 1946. Elizabeth huye de la mansión familiar, deja una vida de apariencia y sociedad, y se instala sola en Nueva York, donde se enamora de un hombre. En 1948, Doris Dana tiene entre sus manos la última carta que Gabriela Mistral le ha enviado. A pesar de amar a la poeta chilena, Doris ha pasado la noche con Aline, una amiga de la infancia.

Y Anne, la conserje de un edificio, desaparece sin avisar a nadie y su madre sospecha que se ha ido en busca de su padre.

Es Margarita la que da inicio a esa ejecución polifónica al decidir dejar de esperar. Su intención es desenmascarar la infidelidad de su marido, pero ese esfuerzo se ve reemplazado por el de ayudar a encontrar a Anne, la conserje, que leía un libro la última vez que fue vista: Cómo desaparecer en América sin dejar rastro.

Carla Guelfenbein —Premio Alfaguara de Novela 2015 por Contigo en la distancia—, permítaseme la insistencia, ha escrito una fuga de Bach. Los cameos de Doris Dana y Gabriela Mistral aportan las variaciones más exquisitas, porque dibujan un triángulo amoroso del que nadie sospecha que es parte dañada. El texto está salpicado de los textos de Jenny Holzer, de Virginia Woolf, además de que las cartas entre Doris y la Mistral son citadas con fidelidad.

No bien se han comenzado a contar las historias de estas mujeres misteriosas, lastimadas por la espera y sensualmente dibujadas, la novela acaba, como pasa con las fugas musicales, porque, como dice la propia autora: esperar es sólo otra de tantas formas de desaparecer. +

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