‘El más grande mal es creerse Dios’: Entrevista a Margaret Atwood

‘El más grande mal es creerse Dios’: Entrevista a Margaret Atwood
2 de enero de 2020
Yara Sánchez De la Barquera Vidal

Margaret Atwood (Canadá, 1939) nos habla de lo que ya somos, de los horrores cotidianos que nos acarician. De una manera simbólica, ella nos revela el presente que nos alcanzó investido con distintas y maquilladas fórmulas: la división en la sociedad, el abominable trato a la mujer, la esclavitud, el tráfico sexual, la tecnologización casi absoluta y, por supuesto, la existencia de una civilización que fue capaz de rebasar toda ética, moral y conciencia, con tal de exacerbar el individualismo, el poder y el dominio que hoy caracterizan a la condición humana.

Atwood comenzó a escribir El cuento de la criada (Salamandra, Penguin Random House) justo en 1984, bajo el manto del mundo orwelliano y la herencia de Huxley. Esta obra no es una metáfora de nuestra sociedad distópica que endiosó a la tecnología y al abuso de poder, es la crónica adelantada que nos muestra hacia dónde vamos. Su autora siempre plantea situaciones extremas para lo humano y la civilización en esos mundos que reflejan la realidad.

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En la dictadura teocrática en la República de Gilead —donde los úteros son una propiedad estatal debido al descenso de la tasa de natalidad como resultado de la contaminación extrema— las mujeres fértiles se transforman en criadas sexuales. Con este telón como fondo, El cuento de la criada nos ofrece un mundo en el que el lector se adentra en una pesadilla vista a través de Offred (Defred en español). Aunque la República de Gilead parece lejana, basta con hojear la prensa para toparse con su realidad: en México, todos los días asesinan a más de diez mujeres. A ellas las violan, las calcinan y nada se hace para frenar este horror. La posibilidad de considerarlo como una emergencia nacional jamás se menciona. Con esto en nuestros corazones nos sentamos a platicar sobre Los testamentos (Salamandra, Penguin Random House) la secuela de El cuento de la criada.

¿Cómo ocurrió el regreso a Gilead en su nueva novela?

“Las peticiones para que escribiera una secuela eran muchas. A medida que pasaba el tiempo, en lugar de alejarnos de Gilead, comenzamos a avanzar hacia él, especialmente en Estados Unidos. Si bien es cierto no podía continuar con la narrativa de Offred, sí podía avanzar desde la perspectiva de otros personajes y responder nuevas preguntas. ¿Cómo desaparecen este tipo de regímenes? Estaba interesada en explorar esto y cómo sería la existencia para la segunda generación en Gilead: esto es todo lo que saben los personajes y su vida les parece normal. Ellos no están involucrados en la parte violenta del asunto. Uno de los narradores crece en Gilead, uno más al otro lado de la frontera en Canadá y otro estaba allí en la fundación. Gracias a ellos vemos a Gilead desde adentro, desde afuera y desde su fundación”.

¿Cuándo lo comenzó a escribir?

“En febrero de 2017 envié un resumen de dos párrafos a mis editores. Creo que estaban aterrorizados. Debo haber estado lo suficientemente adelantada en las ideas como para decirles lo que estaba haciendo. Estaba pensando en Gilead desde 2015 y comencé una planificación de la novela al año siguiente”.

¿Cuánta presión sintió al escribir este libro después de tres décadas de que apareció El cuento de la criada?

“Siempre existe el peligro de decepcionar al público a cada paso, en cada ocasión. El lector seguramente tendrá diferentes opiniones: existe un peligro, pero es un peligro que ya he enfrentado”.

Los testamentos parece mucho más optimista que El cuento de la criada, ¿por qué ocurrió eso?

El cuento de la criada es optimista. No maté al personaje central, y al final vemos el simposio que demuestra que Gilead no duró. Es lo mismo que sucede con Los testamentos; en sus páginas aún está claro que Gilead terminó y que, en parte, el régimen se derrumbó desde adentro.”

La secuela la desarrollas a través de tres personajes y ya no solo con la protagonista de El cuento de la criada, esto te permitió ampliar los matices y los aspectos que era necesario contar. Ahora escuchamos a la tía Lydia, la despiadada instructora que hará todo lo necesario para no ser dañada; ella es la encargada de adoctrinar a las mujeres que llegan al Centro Rojo. Ahí las tortura brutalmente para convertirlas en esclavas sexuales, mientras adopta modales basados en las escrituras del Antiguo Testamento. El papel de la tía Lydia es aterrador

“A la tía Lydia solo la vimos desde afuera en El cuento de la criada. En Los testamentos ella me ofrecía la posibilidad de explorar nuevas preguntas: ¿por qué razón algunas personas se convierten cómplices de estos regímenes?, ¿para qué usan el poder que tienen?, ¿de qué manera se justifican ante ellos mismos?”.

¿Considera a Los testamentos como una distopía o como algo que de alguna manera ya la vivimos?

“Una distopía es una sociedad imaginada que suponemos que es peor que la que vivimos. En cambio, una utopía imagina un mundo mejor. El siglo xix fue una era utópica porque creíamos que estaban mejorando las cosas, y de alguna forma así fue. Esa mirada se transformó con el cambio de siglo: después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las utopías se volvieron difíciles de escribir. ¿Los testamentos es un mundo distópico? Esperemos que así sea”.

La adaptación para serie de El cuento de la criada —que hizo Hulu y fue transmitida por HBO en Hispanoamérica— dejó una profunda huella tras su estreno en 2017. En las tres temporadas disponibles, sus capítulos ahondaron en problemas funda – mentales de nuestros tiempos: el cambio climático, el papel del Estado, la libertad, el respeto a la vida, y lo que hoy vivimos como la cuarta ola del feminismo que busca revindicar la lucha por los derechos de las mujeres en todo el mundo, reclamando un progreso casi nulo en la paridad de sexos. ¿Su participación en la serie de televisión afectó la forma en que escribió Los testamentos?

“Bruce Miller —el creador y productor— y yo hablamos por teléfono y tenemos conversaciones importantes. Leo los guiones y realizo notas. No tengo ningún poder real para hacer cambios, pero sí una cierta influencia. Nosotros estamos de acuerdo la mayor parte del tiempo. ¡Ahora, él ha leído el nuevo libro y tiene mucho más espacio en la pizarra!”.

Es imposible pasar un día sin algún tipo de protesta. ¿Qué se siente ver que su libro nuevamente se usa en ellas?

“Esto comenzó en Texas, donde una legislatura exclusivamente conformada por hombres comenzó a crear más leyes sobre los cuerpos de las mujeres. Las fotos parecían tomas de la serie de televisión. Lo que en ellas se miraba era la forma perfecta de protesta porque era pacífica, aunque también son una imagen visual muy llamativa. Se trata de cosas que se escapan de un libro al mundo real. Nada de esto sucedería si los países dejaran de poner a las personas a cargo de los cuerpos de las mujeres, que por supuesto no son esas mujeres. Hasta que terminó la Guerra Fría, Estados Unidos se presentó como la alternativa liberal. Antes no mostraban su lado oscuro, sus verdaderas sombras; pero una vez que ese oponente se fue, todo lo que siempre había estado en el armario podía salir, y ha salido”.

¿Cómo ha sido ver a los Estados Unidos acercándose a Gilead?

“Si se observan los movimientos legislativos en Estados Unidos, puede verse que casi están allí: el mensaje es que el Estado será dueño de los cuerpos de las mujeres. Están obligando a las mujeres a dar a luz para tener mano de obra barata, y eso es un juego de palabras. Los testamentos contribuye a una conversación que ya está ocurriendo. En una sociedad que afirma valorar la libertad individual, sus legisladores evidentemente no piensan que esa libertad también se extiende a las mujeres.”

¿Está abrumada por el lanzamiento? ¿Se considera una estrella de rock literaria?

“Bueno, todavía no he muerto de una sobredosis de opioides… ¡pero hay tiempo! ¿Estoy abrumada por eso? Estoy muy complacida y agra – decida con los lectores y con los equipos de todo el mundo que han estado armando todo y, sobre todo, protegiendo el manuscrito”.

Acaba de cumplir 80 años y la crítica recibió este libro con gran optimismo. En la presentación en Londres, sus fanáticos se disfraza – ron de las criadas y cientos corrieron por su copia a las librerías de las calles de Picadilly y Charing Cross. Toda una manifestación cultural. ¿Qué opina de la reacción de sus lectores en la presentación?

“¡Londres ama un acontecimiento! Es sorprendente cómo la gente vino en medio de la noche para ver los libros revelados. Fue muy divertido. ¡La gente la pasó muy bien!”.

¿Cree que escribir es un acto de fe?

“Escribir siempre es un acto de esperanza porque asume la existencia de un lector, sin importar el contenido”

¿Volvería a Gilead de nuevo?

“Nunca digo nunca a nada”+

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