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El “detrás de cámaras” de un museo: entrevista a Amanda de la Garza

El “detrás de cámaras” de un museo: entrevista a Amanda de la Garza
16 de abril de 2020
Yara Sánchez de la Barquera Vidal

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) abrió sus puertas en noviembre de 2008 y se transformó en un referente obligado para la vida cultural de México. Muchas de las exposiciones que ha presentado se transformaron en itinerantes y recorrieron miles de kilómetros. Su edificio –que según algunos entendidos puede comprenderse como un “posmuseo”– fue creado por Teodoro González de León; su riqueza es única, pues según se lee en la Gran guía turística de la Universidad Nacional Autónoma de México, “alberga la más amplia colección de arte contemporáneo” de México.

Recorrer sus salas implica adentrarse en el mundo de las sorpresas y los cuestionamientos, en la posibilidad de mirar lo no pensado y descubrirse a uno mismo ante las creaciones de otros. El tiempo que los visitantes tardan en recorrer las exposiciones es breve, aunque su reverberación los acompañe por años. Entran y salen… pero, ¿qué ocurre antes de que puedan adentrarse en esas salas?

Para responder esta pregunta conversé con Amanda de la Garza, la directora del MUAC. Esto fue lo que me contó:

—Planificamos el calendario de exposiciones del MUAC con tres años de antelación. Esto tiene una causa precisa: crear una exposición es una labor muy compleja y requiere la colaboración de muchas personas e instituciones. En los museos grandes –como es nuestro caso–, cada una de las exposiciones implica labores conjuntas de varias áreas especializadas.

En la mayoría de los casos, todo parte de una idea, del interés por trabajar con un artista, justo como sucede en Trayectorias, que festeja los 90 años de Manuel Felguérez. En cambio, si se trata de una exposición colectiva, se inicia a partir de un tema que nos parece relevante, y comenzamos a explorar qué tipo de obras podrían incorporarse. En ese momento, el equipo curatorial debe responder una serie de preguntas muy precisas: ¿por qué esas obras y no otras?, ¿en qué medida responden al concepto central de la exposición?, ¿cuál es el enfoque que se le dará a la exposición? En efecto, lo que mirará el público tiene que responder a una narrativa precisa, a un concepto que no puede perderse de vista.

Tener una selección de obras y artistas no es suficiente, lo fundamental es encontrarlas y lograr que lleguen al MUAC. Algunas pueden estar en museos y colecciones de México, lo cual puede facilitar las negociaciones; pero otras están dispersas en distintas naciones. Este es el momento de los primeros contactos, de las negociaciones que nos permitirán traerlas al MUAC. Incluso, al momento de crear esta primera selección nos tenemos que enfrentar a un hecho arquitectónico: ¿las piezas caben en las salas del museo?, ¿pueden mostrarse de una manera adecuada? Y, a estos retos, se suma uno más: si se trata de un artista vivo –como sucedió en el caso de la exposición de Manuel Felguérez–, todo este trabajo tiene que ir de la mano con él, pues las decisiones que toma el curador tienen que ser discutidas y analizadas con el creador de las obras. En algunas ocasiones, los costos de las exposiciones son muy elevados, por eso tenemos que buscar fondos para llevarlas a cabo, para crear su catálogo y, en este caso, debemos decidir cuál deberá ser su contenido, quién será el fotógrafo que las retrate y, por supuesto, cómo deberá diseñarse para que su discurso sea acorde con la exposición.

Una vez que hemos terminado con estas labores, iniciamos la petición de las obras que se presentarán. Negociamos con coleccionistas privados y las instituciones que las poseen. De manera paralela, también comenzamos a decidir cómo será su despliegue en las salas.

Antes de que las obras lleguen al museo es necesario asegurarlas y embalarlas para que, durante el trayecto, no sufran ningún deterioro. Esto, que a primera vista podría parecer sencillo, tiene grandes complejidades: negociamos con las aseguradoras y, por supuesto, preparamos las piezas para que enfrenten un viaje que, en más de una ocasión, se inicia en lugares muy lejanos. Lo que se busca es que, si llegara a ocurrir un percance, la obra esté protegida en todos los sentidos. Una vez que las piezas arriban, son dictaminadas por los especialistas del MUAC. Es fundamental saber en qué estado se encuentran después de haber viajado.

Cuando todas estas labores han terminado, se inicia el despliegue de las obras en las salas del museo y llega el día de la inauguración. Sin embargo, las exposiciones concluyen cuando las piezas regresan a sus lugares de origen. Evidentemente, mientras la exposición está en el museo ocurren muchas otras cosas: charlas, visitas guiadas, muestras de cine, una larga serie de actividades que se desarrollan de manera paralela y que la apoyan.

Amanda termina de platicar y yo me adentro en el MUAC… El tiempo de mi recorrido, por más que deseo alargarlo, palidece ante todo lo que no puedo mirar en las obras que contemplo. +

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