“Hay una espiritualidad más despierta”. Entrevista con Alex Raco

“Hay una espiritualidad más despierta”. Entrevista con Alex Raco

Practicante de la terapéutica de regresión, Alex Raco platicó con nosotros sobre su libro Nunca es el final, en el que adereza sus casos con citas de Jung y su propia historia de cómo llegó a ser “un hombre de fe”.

Camila F. Müller

Alex Reco era un hombre de negocios que gozaba de un éxito aplastante en materia financiera. Tenía un auto convertible de última generación y un departamento de lujo. Viajaba por el mundo en primera clase y su vida era un modelo de triunfo. De pronto apareció un trastorno intestinal que lo doblaba de dolor y lo obligó a un régimen alimentario, más que estricto, insípido y triste. Entonces una de sus grandes amigas le habló de la terapia de hipnosis regresiva y del trabajo del dr. Brian Weiss (Muchas vidas, muchos maestros, Vergara), y aunque él tuvo que reprimir una carcajada al escuchar sobre el tema, se propuso investigar. No bien comenzó, la dolencia entró en remisión, hasta hoy. No morimos nunca Han pasado diez años y hoy Alex Raco ejerce como terapeuta. Tras tener sus propias experiencias de regresión, decidió estudiar Psicopatología Clínica e Hipnosis Ericksoniana.

Nunca es el final

Vidas pasadas, destino presente (Sirio) es una recopilación de sus casos. Su intención es “comunicar a la gente que no morimos, nadie muere. La muerte no es más que un cambio de estado. Imagínate que una persona se vaya a otra habitación de tu casa, no la puedes abrazar. Si está lejos no la puedes ni oír, pero sabes que está, y si intenta comunicarse de alguna forma, sí puede haber alguna comunicación, aunque no sea a través de las palabras. Éste era el propósito: decirle a cuanta gente sea posible: ‘Oye, no morimos, disfruta la vida, porque no hay ningún problema, no hay final’.

La física explica la conciencia

Raco resalta en su libro que hoy la física camina por dos carriles que corren paralelos, si bien separados: “La física relativística o newtoniana —la que utilizamos para explicar la materialidad—, y la física cuántica —que intenta teorizar y explicar, los fenómenos del mundo pequeño, de las nanopartículas— parecen no encontrarse, pero en realidad la una y la otra son correctas. Lo que al nivel de nanoparticulas tiene sentido, no lo podemos encontrar en los cuerpos más grandes, pero vaya que las dos cosas coexisten. Quizás un día intentaremos hacer un puente entre estas dos visiones del mundo: habrá otra visión de la física que quizá lo explicará todo, incluso el hecho de que no morimos”, la cual es una piedra angular en el edificio de la terapéutica de la regresión. “La teoría del campo físico —ejemplifica Raco— dice que hay unas ondas que están todas conectadas y en este campo hay todos los fenómenos posibles, pasados, presentes, futuros. La física explica conceptos como la conciencia mejor de lo que los explica la psicología o la neurología, a las que hoy en día les cuesta mucho explicar lo que es la conciencia, porque hasta hoy en día no lo hemos explicado”.

Lo que los sentidos no alcanzan

Una de las cosas en las que insiste Raco es el hecho de que hay aspectos, porciones de la realidad a las que no accedemos mediante la experimentación empírica: “Es muy difícil con nuestros cinco sentidos explicarlo todo. Los seres humanos somos muy presumidos porque la ciencia intenta explicarlo, pero no podemos, evidentemente, explicarlo todo, dado que lo medimos con nuestros cinco sentidos. Imagínate si tuviéramos siete, ocho o diez sentidos: la realidad sería completamente diferente y quizá algo de lo que encontramos en una regresión, algún día lo logramos medir. Todo esto es muy real para mí, yo creo que algún día lo explicaremos y sabremos que no morimos.

“Me convertí en un hombre de fe”

En su libro, Alex Raco dice que al principio era escéptico sobre las regresiones, por lo que su vida actual como terapeuta usando la regresión implica la voluntad de creer. “Me tuve que volver en un hombre de fe —confiesa Raco—, nunca lo había sido. Por mi formación, por mi familia, por mis estudios, siempre había sido una persona práctica, más científica y racional, y bajo ningún concepto me consideraba un hombre de fe. Hoy, eso ha cambiado. Sigo siendo, en muchas cosas, un escéptico: me gusta medir y comprobar. Y el libro también lo escribí para mostrar que en más de 1,500 regresiones, lo que me convenció es que hay cosas que no se pueden explicar de otra manera. Para un cerebro, escéptico —entre comillas— como el mío, la única manera de creerse algo es cuando no hay prueba de que puede tener una explicación. ”Hay historias que no pude explicar de otra forma, y era imposible que alguien las inventara. Yo creo también que la memoria y la imaginación tienen carriles, y cuando conduzco una regresión intento hacer preguntas rápidamente, que la gente me conteste en seguida, porque esto le prueba a mi racionalidad que no se lo están inventando. Sigo siendo muy empírico, pero me he vuelto a la vez un hombre de fe. No pude evitarlo, es algo que me entró de una forma tan rápida y tan presente que ya no lo pude negar”.

“Siempre ha estado ahí”

El tema de las regresiones implica la idea de reencarnación. Sanar mediante regresiones consiste en visitar las vidas pasadas para entender y arrojar una luz emocional y hasta racional sobre lo que afecta a los pacientes en la actualidad. Ello despierta la curiosidad: ¿esta forma de terapéutica ha existido en otra época o es algo de nuestra edad?: “Esto siempre existió, es tan viejo como nosotros. Los antiguos egipcios le llamaban incubación, pero era lo mismo: inducir un ligero estado hipnótico en la persona para que su inconsciente pudiera elaborar cosas. Y la idea de la reencarnación ha estado presente básicamente desde que existimos, y aquí sí que va el tema de la creencia, de la fe. Es algo que siempre nos ha acompañado, algo en lo que el ser humano siempre ha creído”.

¿Qué nos espera?

Si entender nuestro pasado, incluso nuestras vidas pasadas, nos ha de auxiliar en el porvenir, le preguntamos a Alex cómo se vislumbra el futuro de la humanidad: “Difícil. El mundo es una escuela, un gran terreno, un gran playground, y la cosa más importante que debemos aprender es a amarnos. Es verdad que para aprender el amor se pasa por vías complicadas, que nos hacen sufrir, pero a veces, a través del sufrimiento aprendemos a amar. Es horrible ver el telediario, porque si tienes un poco de empatía, no dejas de sufrir, pero a la vez estamos aprendiendo cosas. Yo creo que todo al final saldrá bien, que la gente está despertando cada día más, yo lo veo en la calle. Hace 12 o 13 años la gente no hablaba de esto, no era tan corriente, y hoy en día se oye gente común y corriente que tiene una espiritualidad más pronunciada, más despierta. Yo soy muy positivo en lo que será el futuro del ser humano”. +

 

Léelo también en nuestro número 120 dedicado a la fe y la esperanza:

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