El sonido del silencio (Carta editorial Revista Lee+ 133)

El sonido del silencio (Carta editorial Revista Lee+ 133)

El silencio es peligroso. Su presencia nos obliga a entrar en nuestra mismidad, a descubrir lo que somos y, por supuesto, a toparnos con aquello que creíamos olvidado y sepultado. Sin duda alguna, es el mejor aliado de los esqueletos que escondemos en el clóset para invocar a la desmemoria. Paul Valéry, en Monsieur Teste, tenía clarísimo este desafío cuando señalaba que “hay que entrar en nosotros mismos armados hasta los dientes”.

Sin embargo, el silencio no se reduce a este reto: en él también se esconden el miedo, la privacidad, lo inescrutable. Tú y yo nada podemos saber sobre lo que pasa en la mente de la persona que está nuestro lado y cuya mirada solo recorre los renglones de una página. Ella vive interiormente y seguramente perdió la capacidad de distinguir entre la ficción y la realidad o, tal vez, está a punto de lanzarse a una aventura que puede destruir la monotonía cotidiana. Por estas causas, cuando las mujeres tomaban una novela y se extraviaban en sus letras se transformaban en seres riesgosos, en personas que eran capaces de tener una vida que estaba más allá de lo público. Su lectura silente era peligrosa, digna de ser censurada y perseguida. El silencio tiene dos rostros: el que persigue los pensamientos y el que censura las voces que se encuentran en los libros. A estos silencios está dedicado este número de Lee+. +

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