El reino de los dragones

El reino de los dragones
Roxanna Erdman

Hay demasiadas evidencias de que estas criaturas legendarias han trascendido la fantasía en diversas épocas y puntos geográficos, pero de momento habremos de confiar en los niños.

Podemos decir que los dragones han habitado en bosques de papel desde hace siglos, desde el principio de los libros; hay, por ejemplo, un dragón en Beowulf, poema épico que data por lo menos del siglo XII d. C., si no es que del VIII d. C.

Probablemente sean más socorridos que los lobos como protagonistas de cuentos, leyendas, mitos y novelas, pero provocan sentimientos encontrados, pues aunque los hay sanguinarios y despiadados, afectos al exterminio y pirómanos, con frecuencia se les reconoce como criaturas dotadas de una inteligencia extraordinaria que, con el paso del tiempo —suelen ser muy longevos— se transforma en sabiduría.

Indomables o mansitos, monocromos o de colores, es indudable que su presencia contribuye a introducir la sensación de aventura y riesgo ahí donde asoman las narices.

Para ser criaturas fantásticas, están exhaustivamente investigadas y documentadas. Los draconólogos afirman que han habitado en absolutamente todas las latitudes; por supuesto, México no es la excepción, ¿o acaso creíamos que la Serpiente Emplumada era nada más un mito de civilizaciones perdidas?

Hay demasiados vestigios diseminados en culturas de todo el planeta como para no dudar de que alguna vez hayan existido. La explicación de que ahora no los veamos con frecuencia puede estar, desafortunadamente, en esa inclinación de la especie humana a apropiarse de las cosas bellas o extraordinarias. Escamas, cuernos, huevos, piel, colmillos, sangre: todo lo que es precioso en un dragón ha sido codiciado por siglos, y de ello dan cuenta innumerables libros. Sí, la mayoría de las personas los miramos con reserva, pero para muchos aventureros siguen siendo uno de los máximos trofeos de caza. ¿Qué nos extraña, si el último rinoceronte blanco acaba de dejar un vacío irreparable en la zoología terrestre?

Quizá todos hemos oído (o incluso padecido) el aliento de dragón, pero en un sentido menos figurado, ese es el nombre que se le ha dado a cierto tipo de cartucho de escopeta, a base de circonio, que al ser disparado produce una gran cauda de chispas. También es el nombre con que se bautizó el que se supone es el chile más picante del mundo, creación de un horticultor de Gales, país en cuya bandera, por cierto, hay un dragón rojo. Y por si fuera poco también se le llama así al polvo de licopodio, que se usa en efectos especiales que involucran fuego, porque es una especie de “azufre vegetal”, aunque su nombre significa… ¡pata de lobo!

Claro que en ocasiones, los exterminadores han hecho un favor a comunidades enteras al liquidar a ciertos ejemplares malignos. Tal es el caso de San Jorge, quien con su espada y su fe cristiana acabó con un demonio que había adoptado la figura de esta mítica criatura para exigir cuotas de sangre a los habitantes de un reino de Libia —estratagema que también San Miguel Arcángel frustró en su oportunidad a punta de lanza.

Eso nos lleva a pensar que tal vez el demonio, afecto a la oscuridad y al fuego, sea el responsable de la mala fama de los dragones. ¿Cómo explicar, si no, que los libros para niños sean el reino de los dragones por excelencia?

La historia muestra que, por lo general, los acercamientos de adultos con estas bestias no suelen acabar bien; en cambio, con los niños casi siempre se han mostrado gentiles y solidarios. Si alguien ha tenido oportunidad de cabalgar a lomos de un dragón, de admirar sus tesoros, de dialogar con ellos e incluso de ser aceptados en sus comunidades, son los niños. Acaso se deba a que desde pequeños y gracias a los libros, se enteran de que hay cosas que no deben hacerse nunca a un dragón, como pretender retenerlo en cautiverio, reírse en su cara (o de su cara, es casi lo mismo), robarle o retarlo a un duelo de acertijos.

Y quizá también por eso el 23 de abril, Día Internacional del Libro y día de San Jorge, es la fecha en que estas criaturas legendarias se reconcilian con la especie humana a través de las incontables hojas del bosque donde habitan y seguirán viviendo mientras haya niños dispuestos a admirarlos. +

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