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Edward Hopper y el cine

Edward Hopper y el cine

Aprovechando una escala camino a cubrir el 65 Festival de cine de Locarno, paro en Madrid y aprovecho para saludar a la familia y tomarle el pulso a una ciudad que reacciona de muy diversas maneras ante la crisis.

Además de comerse muy bien, la capital española es también famosa por una oferta cultural importante en la que destacan sus excelentes museos y sus interesantes exposiciones. Así, mientras las pantallas luminosas del Paseo del Prado señalan 40 grados centígrados a la sombra, no hay mejor idea que refugiarse en el Museo Thyssen para visitar la muestra Hopper del pintor hiper-realista norteamericano Edward Hopper.

Concebida a partir de la fama del cuadro Habitación de hotel, una de las piezas más visitadas de la colección permanente del museo, la exposición destaca la capacidad de las artes para dialogar entre ellas. En este caso, resaltando la profunda influencia que el cine ha tenido en la obra de Hopper así como la manera en que cineastas de todo el mundo han tomado como referencia o punto de partida innumerables cuadros del neoyorquino como detonador creativo de sus cintas.

Más allá del homenaje directo o la cita evidente, las imágenes de Hopper son profundamente cinematográficas porque suelen apelar a la construcción de una narrativa donde personajes solitarios, misteriosos o melancólicos siempre nos están contando historias memorables.

En ellas están lo mismo el espíritu del film noir más clásico que el del road movie de paisajes desoladores o el terror mudo del suspenso más perturbador. En sus tramas siempre hay mujeres fatales o tristes que miran hacia la ventana mientras una extraña luz las ilumina desde fuera, hombres inexpresivos que dialogan consigo mismos en una gasolinera al costado de la carretera o parejas que parecen ver pasar el tiempo sin decir una palabra.

Con todo lo anterior, no resulta gratuito que los organizadores de la exposición decidieran acompañar la muestra con una serie de proyecciones que incluyen en su selección a directores de la talla de Alfred Hitchcock, David Lynch, Sam Mendes, Wim Wenders, Isabel Coixet o Terrence Mallick a los cuales yo no dudaría agregar a Wong Kar Wai o John Houston. Seguramente quienes esto leen encontrarán algunos más.

Buscando reafirmar la relación que argumenta desde su propuesta, el recorrido por la obra del pintor de la costa este termina con una “instalación cinematográfica” que presenta un set de filmación con escenografía, iluminación y hasta su propio marco que demuestran el carácter fílmico de otro cuadro emblemático: Sol de la mañana.

Lo dicho, pantallas pintadas y cuadros que se mueven en constante intercambio.

El More (@elmoremoreno)

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