Desplazados Emocionales: entrevista a Julio Bevione

Desplazados Emocionales: entrevista a Julio Bevione
23 de abril de 2020
Yara Sánchez de la Barquera Vidal

Julio Bevione escribe, da conferencias y se reúne con la gente. Si quisiéramos resumir por qué lo hace, pronto encontraríamos las palabras precisas: él trata de abrir caminos, de mostrar las rutas que permitan a las personas encontrarse consigo mismas para descubrir sus grandezas y, por supuesto, ser capaces de amarse. Este hecho es crucial: no puedo amar a los otros si no me amo a mí; es más, esto me llevaría a otra maravilla, a la posibilidad de descubrir de que mi mismidad nada tiene que ver con lo que piensan y hacen los demás, pues está marcada por una tranquilidad que me permite comprender y actuar en el mundo. Así, la lucha de Julio es contra el desplazamiento emocional, un hecho del que conversamos con el pretexto del lanzamiento de su libro más reciente.

Hace quince años salió tu primer libro, Vivir en la zona. ¿Qué tanto han cambiado las cosas, o siguen siendo las mismas cuestiones con las que nos seguimos atorando?

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En realidad pienso más o menos lo mismo que hace quince años, solo que ahora la gente puede profundizar más en su interior. Cuando publiqué mi primer libro había una superficialidad en estos temas, la gente iba más por las técnicas y la búsqueda externa de soluciones. Ahora, las personas están más conscientes de que la solución de los problemas implica involucrarse en ellos. Por esta razón, Volver a mi marca el cierre de una etapa de doce libros.

De alguna manera creo que Volver a mi es una celebración a tu trabajo. Has estado viajando, viviendo en diferentes lugares, conociendo un sinfín de personas y al final todos buscan lo que tú haces: escucharnos. ¿Cómo sientes estos años?

Con este libro me tomé un rato para sentarme tranquilo y mirar atrás para compartir lo vivido. Es como decir “Aprendí esto”, “Me encontré con una persona y me contó esto, y esto fue lo que yo le respondí”. Si tuviera que mirar para adelante, te diría que el libro llega en un momento muy útil: han pasado muchas cosas en el planeta en los últimos tiempos. Yo creo que tiene el timing de llegar en un momento en que va a ser útil, no solo va a ser un libro de compañía sino también un botiquín de primeros auxilios que llega en el momento en que hubo un accidente por el coronavirus.

Yo sentí eso, que tocaba las bases del primer libro, pues siempre hay que volver a uno mismo. ¿Cómo podemos iniciar el proceso para volver a nosotros mismos cuando nos perdemos?

Yo planteo ocho preguntas a este respecto, pero hay una que es esencial: ¿cómo me siento? Gracias a ella podemos empezar a comprender que estar con uno mismo no significa estar mentalmente con uno, no es sentarte a conversar ni estar al pendiente de tu análisis, sino de los sentimientos. Cuando logramos tranquilizarnos y sentirnos plenamente, la sensación de estar con nosotros es real y, a partir de ese momento, podemos empezar a tomar decisiones y a usar una mirada interna; pero si no te aquietas para sentir, nunca vas a poder tener ese discernimiento

¿El miedo es una ilusión que nos está justo separando de esa paz?

Claro, el miedo es una invención del ego. La primera pregunta del libro es: ¿me escucho? ¿Por qué no empezamos a escucharnos los cuentos que nos contamos? Esos cuentos determinan si lo que vemos y creemos es verdad o no. El miedo es esa invención, esa construcción mental que determina si algo es verdadero o falso. Por eso debemos responder ese cuestionamiento, ya que –gracias al análisis mental– podemos valorar si algo tiene las condiciones para ser real o solo es una mentira.

Todas las preguntas que haces tu libro son importantes, pero, no sé si considerarías que la más importante es “¿Te aceptas?”.

Esa pregunta está en el centro porque, cuando ya hemos trabajado con la personalidad o con el ego podemos comenzar a mirar lo espiritual. La aceptación no tiene que ver con aprender a lidiar con mi parte oscura o con mi aceptación básica, sino con darme cuenta de lo que realmente soy y no he aceptado. Generalmente, cuando tenemos una buena oportunidad para hacerlo, escapamos casi de inmediato. Si alguien nos ama, lo dudamos. Cuando estaba con los grupos de Miami, uno de los chicos me dijo: “Julio, haz un retiro”. Eso era un desafío porque, ¿quién soy yo para hacer un retiro? Pero si alguien ve tu grandeza por fuera y te propone hacer un retiro, ¿por qué no voy a creer lo que está viendo? Si lo está viendo en mí, y aceptar la grandeza es eso, tengo que aceptar el reto.

Sí, esa es la impresión desde tu primer libro: nos vemos en versiones chiquititas. Todos los pasos que mencionas en tus preguntas también te llevan a una unidad: eres amor y eres perfecto.

Claro, y al final esto te lleva a darte cuenta de que en este planeta no hay nadie como tú; pero, a su vez, implica que tampoco compites con nadie. Todos tienen sus virtudes. Ese es realmente el amor más elevado, donde no te amo desde el lugar del ser amado, sino que “te amo porque tú eres amor y compartimos lo mismo”.

Claro y esto puede tomar toda la vida, pero vale la pena.

Sí, puede tomar toda la vida; pero yo creo que existe una aceleración evolutiva súper interesante. Por eso no creo que mucha gente se quede fuera de este proceso, de una u otra manera nos involucra a todos, así que vamos bien.

¿Nos puedes platicar sobre el eje emocional que mencionas en el libro? ¿Cómo trazar a partir del caos un eje emocional en donde la persona está desubicada?

Si empiezas a buscar un equilibrio con lo externo no solo te va a costar, pues el desequilibrio siempre volverá. Tu entorno está en movimiento, pero cuando tú logras estar equilibrado, ya no reaccionas, y no importa lo que esté pasando. No te vas a alterar. Empecemos a hacernos cargo de nuestras emociones y usemos la respiración para encontrar el equilibrio emocional. Cuando estás en paz contigo mismo, y emocionalmente no te perturbas, no hay nada externo que pueda alterarte. No importa lo que pase: aunque te insulten vas a responder, pero no perderás tu paz.

Somos llamados a un cambio de conciencia. Cuando cruzas el umbral y entiendes un poquito mejor las cosas, descubres que el movimiento no para.

El cambio de conciencia tiene que ver con un cambio de percepción. Cuando tú ves las cosas desde una conciencia limitada o con miedo, lo que observas es puro caos; en cambio, cuando tu conciencia se amplía, miras el caos, pero también la solución o ves la posibilidad de que exista un orden. Entonces te colocas con la solución y no con el problema. En realidad, el cambio de conciencia es constante, no tiene que ver con una graduación. Muchas veces hay ansiedad al pensar que no lo hemos logrado o que queremos obtener ese cambio de conciencia, pero esa no es la meta.

Hay algo que me gusta mucho de ti: la idea de dejar de distraernos con supersticiones o explicaciones de todo, brincar de una técnica de sanación a otra, o explicarnos todo solo con la astrología. Muchas veces solo son creencias que, al final, nos alejan de nosotros y del GPS espiritual del que hablas.

Siempre hay una búsqueda de explicaciones, por eso hay que estar muy instruidos en temas espirituales. A veces podemos ser muy simples a nivel formación, pero también podemos estar abrazados al espíritu. Creo que debemos bajar un poquito más de la cabeza al cuerpo. Pero eso nos cuesta: creemos que es ser simplistas, y que las cosas que tienen una explicación más confusa son más valiosas.

Mencionas que debemos conocernos mejor para poder conocer a las otras personas.

Sí, porque los otros tienden a ser un reflejo de nosotros. Entonces, si no me conozco, tampoco puedo conocer a los otros. Pero si me conozco, sé lo que es mío y lo que es tuyo, así sé que lo que me dices tú es tuyo y no es mío… pero si no me conozco me voy a tomar como algo personal todo lo que me dices.

Regresando a tu libro Volver a mí, la historia puede ajustarse a la idea de que somos unos desplazados emocionales.

Exacto, estamos viviendo fuera de nosotros, nuestro cuerpo está habitado por otras cosas, pero no por nosotros. Está colmado de historias, dolores, opiniones ajenas, pero nosotros no estamos… somos los primeros desplazados. De hecho, creo que a veces nos duele tanto cuando vemos situaciones de desplazados porque en ellas nos reflejamos, somos los primeros que nos abandonamos y aún no sabemos cómo volver.

Nos vemos reflejados en el dolor de los otros, pero no hacemos nada por nosotros ni por los demás.

No lo hacemos por el otro porque no lo hemos hecho por nosotros. Una persona que se ama es capaz de amar; una persona que no se ama, está incapacitada para amar, por eso solo puede reflejar dolor, inseguridad, miedos. La idea de que el desplazamiento es algo traumático tiene que ver con la vida del desplazado, con la vida interior del desplazado, pero también con sus circunstancias: esa persona podría vivir de otra manera. Puesto que todos estamos más o menos abandonados, no solo el desplazado se siente mal, pues llega a un lugar donde viven personas autodesplazadas que no son amables, que lo atacan como ellos mismos se han atacado. Estamos ante un círculo tóxico, que –si lo pudiéramos mirar desde fuera– sería el mundo de los desplazados. Por eso es fundamental mirarlo por dentro para que esto no ocurra más y cambiarlo de verdad.+


Si quieres saber más de Julio, puedes visitar juliobevione.com

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