Cien años de Mario Puzo, autor de “El Padrino”

Cien años de Mario Puzo, autor de “El Padrino”

19 de noviembre de 2020

Gilberto Díaz

Humanizar al crimen constituye un acto trasgresor para la sociedad en la que vivimos, una sociedad en la cual los aspectos más íntimos, ambiguos y sensibles se convierten en un tabú que rápidamente debe ser sustituido por una versión oficial y moral de las instituciones y los medios. En dicha versión prevalece la narrativa dogmática y milenaria de las virtudes contra los vicios. Pero ¿qué pasaría si comenzáramos a contar historias que rompieran con ese esquema?, ¿qué pasaría si decidiéramos ver las cosas desde el enfoque contrario?

Este 2020 conmemoramos los 100 años de Mario Puzo, quien, sin proponérselo, se atrevió a contar esas historias que pronto fueron reconocidas por su influencia e impacto mediático en los últimos 50 años, y en las que la palabra famiglia se lee como algo tan aterrador como la crueldad humana.

Una vida italoamericana

Incluso, se puede decir —como de muchos otros autores— que su propia vida servía como fuente de inspiración y aportaba muchos elementos de referencia a sus historias: sus padres eran inmigrantes italianos que se asentaron en el barrio neoyorkino conocido como la “Cocina del Diablo”. Allí vivió hambre y pobreza junto con sus seis hermanos.

 Más tarde, sirvió en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, sólo para regresar a la vida de los empleos efímeros y la dureza de las calles. Con un solo curso de escritura creativa que tomó en el City College de Nueva York, aprendió a sobrevivir redactando cuentos para revistas en lo que terminaba su primera novela: La arena sucia, publicada en 1955.

En esta obra abordaba la vida de un veterano de guerra estadounidense que decide regresar a Europa por su novia alemana. La novela es una exploración del periodo de posguerra, cuando la moneda más importante eran los cigarros. En la vida real, Puzo ya había formado una familia con una germana de nombre Erika, a quien conoció durante su servicio en Europa al finalizar la guerra. Aunque el libro fue modestamente reconocido por la crítica, pasó inadvertido para los lectores.

Las bajas ventas de su primera novela desanimaron a Mario, quien no volvió a publicar otra en diez años. Sostener a una familia consumía su tiempo, por lo que su escritura se mantenía activa mientras vendía sus relatos a revistas y hacía de asistente del editor de Bruce Jay Friedman en publicaciones baratas de bajo precio conocidas como pulp. Es posible que esa experiencia le sirviera para pulir su técnica y estilo. También pudo haberle ayudado a tener las ideas más claras a la hora de aventurarse de nuevo en la novela.

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De La mamma a El padrino

Este libro nació como una crónica novelada sobre las experiencias de la madre del propio Mario que llegó como inmigrante a Nueva York poco antes de la gran depresión. Allí se habla entre otras muchas cosas, de la discriminación que vivían los italianos. La novela recibió calurosas críticas. Incluso llegó a ser reseñada en el New York Times.

Pero, una vez más, la respuesta de los lectores fue tibia y las regalías que recibió no superaron los tres mil dólares, lo que para un escritor de 46 años con cinco hijos y muchas deudas encima resultaba frustrante.

Puzo llegó a escribir libros infantiles (The Runaway Summer of Davie Shaw) con tal de encontrar una fórmula que funcionara y seguir manteniendo a su familia, pero la respuesta seguía siendo la misma. Su editor ya no podía conseguirle más adelantos para sus siguientes proyectos. Escribir sobre la inmigración italiana, a pesar de su importancia social y cultural, no generaba ventas, por lo que —por insistencia de su editor— le ofrecieron que siguiera con la misma temática, pero apelando al morbo que generaban los mitos del oscuro mundo de la mafia italiana en Estados Unidos.

Con una ludopatía en desarrollo, deudas acumuladas y una familia con necesidades por satisfacer, muy a su pesar y de mala gana, entregó a los editores un manuscrito que, a su criterio, era imperfecto y no terminaba de convencerle. Incluso hasta sus últimos días, el autor se lamentaba del éxito que tuvo El padrino sobre La mamma. Sin embargo, describir literariamente el mundo de la mafia lo llevó a acercarse a su lado más oscuro, porque en el libro proyectó su malestar, sus vicios y la frustración que experimentaba por entonces.

El propio autor afirmó en muchas ocasiones que nunca había tenido contacto con mafioso alguno, pero la tridimensionalidad y complejidad de sus personajes rompieron con el molde de la estereotipación del mundo del crimen desde una perspectiva policial y moralina, al grado que en la obra de Mario Puzo podemos ver reflejadas las causas marginales, hambrientas y desoladoras que detonan las acciones de la violencia, pero no en términos de redención, sino de un claro y objetivo cinismo sobre la realidad de claroscuros que construimos a través de nuestros actos y omisiones, al ver a la familia como el germen de toda dinámica de poder. +

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