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Todo se lo debo a George: entrevista a Chris Haughton

Todo se lo debo a George: entrevista a Chris Haughton
22 de abril de 2020
Yara Sánchez de la Barquera Vidal

Chris Haughton es un diseñador e ilustrador nacido en Dublín, Irlanda (1978). Su interés en el comercio justo lo llevó a trabajar como voluntario en People Tree, iniciativa para la que diseñó ropa y accesorios que tuvieron un gran éxito comercial. Al mismo tiempo, Haughton comenzó a crear libros infantiles, que muy pronto se convirtieron en bestsellers, como Un poco perdido, Oh no, George!, ¡Shhh! Tenemos un plan y No tengas miedo, cangrejita. En la conversación que sostuvimos con él, Chris Haughton habla acerca de su proceso creativo, su estilo y del reto que representa hacer reír a los niños.

Comencemos con George… ¿Cómo se siente?

Creo que está muy bien. Sí, le encanta la comida mexicana.

¡Qué bien! Pica un poco, ¿no?

Por eso se sirve un poco más de arroz [risas].

¿Cómo ha sido tu interacción con los lectores que no hablan inglés?

Estoy muy sorprendido… Mis libros han funcionado muy bien en el mundo de habla no inglesa. Supongo que, como muchas de las historias se cuentan a través de imágenes, se traducen fácilmente. Me sorprendió mucho ver que, cuando el libro se lanzó, se volvió popular en los Países Bajos y Bélgica. Ha sido fantástico. He tenido mucha suerte.

Todo comenzó con George. ¿Cómo fue?

En realidad estaba un poco perdido al principio. [Haughton lo dice en español, en referencia a su libro del mismo título.]

Entonces, ¿todos tus personajes viajan juntos dentro de un libro y te hacen viajar?

Sí, he viajado a ferias de libros alrededor del mundo, me llevan a todos lados.

Pero primero viajaste a México, ¿no?

Sí. Cuando empecé a trabajar en Un poco perdido, los colores eran bastante normales. Pero vine a México, me quedé en San Cristóbal de las Casas, y de repente los colores se volvieron locos. Esa es una de las cosas que sucedieron. Estoy muy agradecido con México por sus colores de locura.

Puedes hacer un segundo libro con George, como George descubre el picante, y luego el mole, y ver cómo sigue la fiesta.

Sí, ¡buena idea!

¿Qué es lo primero: la historia o los personajes?

Por lo general tengo una idea con solo dos imágenes, una especie de imagen de antes y después. Con George, por ejemplo, fue como si él estuviera mirando un pastel, pasas la página y… entonces lo ves comiéndose el pastel. Es un momento de pantomima, en el que sabes lo que va a suceder, y luego descubres lo que sucede. Es como ver una ola enorme y preguntarse: “¿Qué va a suceder al pasar la página?”, y entonces la ola te salpica, por lo que se vuelve un momento emocionante. En mi caso, siempre comienza con una especie de momento emocionante de dos páginas juntas.

Tu manera de relatar es como un poema, con las figuras de repetición y los versos, algo realmente único. ¿Cómo encontraste este estilo?

Se parece mucho a la música, pero creo que las historias más simples son como los chistes. Generalmente los chistes se basan en la regla de tres: sucede equis cosa, luego tal otra, y luego un tonto hace otra diferente, sea lo que sea. Y este es el tipo de historias que son fáciles de recordar y con las que es fácil conectar, porque si te pierdes algo la primera vez, a la siguiente lo entiendes, y a la tercera vez ya te ríes. Entonces se trata de una ayuda para comprender mejor.

Y la capacidad de atención…

Sí, es muy común en la cultura oral. Las culturas preliterarias –ya sea en la India o en otras– casi siempre tienen una regla de tres. Es decir, hay muchas historias míticas preliterarias que se desarrollan con esta regla, y esto hace que sea una historia divertida de leer, porque hay un elemento de adicción.

Háblanos sobre tu proceso creativo. ¿De dónde viene la inspiración?

Cada uno se inspira en algo diferente. Cada uno tiene su plan. ¿Recuerdas la caricatura del Coyote y el Correcaminos? Me encantan ese tipo de ideas: tienes un plan, piensas que va a funcionar, que no puedes no atrapar al Correcaminos. Pero pasas la página y descubres que estás completamente equivocado: de repente el Correcaminos ya se te fue.

Ese Correcaminos es la imagen inicial que tenía en mente y que me pareció divertida. Ahora, cada caso es diferente. En No tengas miedo, cangrejita, yo estaba en el mar. Vi esas olas enormes y a los cangrejos reaccionando, aguantando, y pensé que era un momento divertido: llegan las olas, los cangrejos están juntos, se detienen, esperan lo mejor, pero algo sale mal y se caen.

Cuando escribes tus libros, ¿haces pruebas antes de entregarlos al editor?

Me sorprendió que después del primer libro, mi editor me dijo: “Vamos a promocionarlo, vas a tener que hacer eventos con niños”. Pensaba que hacías el libro y los encargados en la librería se encargaban del resto. Así que me dieron una hora para entretener a los niños. Pensé: “Nunca antes he hecho esto, el libro se lee en dos minutos. ¿Qué vamos a hacer el resto de la hora?” Se me ocurrieron algunas ideas y les llevé bocetos para enseñárselos. Fue en verdad útil porque les mostré partes de George, y vi con qué reaccionaban y con qué no. Desde entonces lo hago casi siempre: si tengo una presentación, les muestro a los niños el trabajo en proceso, pues les gusta verlo, y me doy cuenta de qué funciona y de qué no. No hay mejor prueba que estar frente a los niños y ver si se ríen o se quedan callados.

Quiero preguntarte sobre tus influencias, otros libros que te gusten o ese algo que por dentro te dice: “Con esto voy a hacer mi mejor trabajo”

Sí, tengo influencias, como por ejemplo Leo Lionni y Eric Carle, que son clásicos. Y también Maurice Sendak, Planeta Tangerina, Andrea Alemanno y Jon Klassen. Hay muchos más. Me gustan los libros tiernos, pero los niños reaccionan mejor con los que no lo son. A menudo, los que son tiernos son más tuyos, pero le estás hablando a los adultos.

Provocar ternura es muy difícil. Hay que saber usar las palabras correctas con los colores y los personajes correctos.

Sí, se necesita una especie de dulzura. Como dice mi editor, es apelar a la honestidad emocional. Si no es auténtico, suena demasiado dulce, y entonces se nota que nadie reaccionaría así. Se trata de expresarla de manera realista, con honestidad emocional. Es bastante difícil de hacer porque debes ser amable sin perder credibilidad.

Es un equilibrio difícil.

Es engañosamente difícil. Cada vez que empiezo un libro nuevo, me digo: “Esto no parece difícil”. Pero luego me tardo dos años en escribirlo de principio a fin. Al terminar, me pregunto: “¿Por qué me tomó tanto tiempo? Pensaba que sería cosa de unas semanas, ¿qué pasó?”. Y entonces me acuerdo de todos los bloqueos por los que pasé, y de todos los meses tratando de hacer tal o cual cosa con el personaje…

Es como un acertijo.

Es, en gran medida, un acertijo. A veces no funciona del todo y tienes que decir “Okay, voy dejar eso de lado”, y te pones a pensar en otra cosa. Es bastante difícil.

Y da un poco de miedo, ¿no?

Sí, aunque trato de no tenerlo. Después del primer libro no tenía ya ideas para el segundo. Así que me puse una fecha límite para construir un proyecto. Ya sabes, me daba un poco de miedo. Ahora, siempre trato de tener una idea lista, para que cuando termine pueda comenzar de nuevo. +

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