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Avant garde, provocación sonora

Hablar de vanguardismo en música tiene que ver con una ideología estética que implica, necesariamente, un estilo opuesto a la tradición de la música compuesta hasta entonces. En un sentido amplio, la vanguardia o “Avant-garde” es sinónimo de provocación.

Al igual que gran parte de los movimientos artísticos en la historia -no solo de la música- surge como una crítica que trasciende la esfera de lo personal para saltar a lo político y lo social. Entendamos la vanguardia como una crítica a las convenciones estéticas existentes, y para comprender esto es necesario hablar un poco de historia.

Algunos historiadores y musicólogos sitúan el nacimiento del vanguardismo hacia 1945, año en el que muere Anton Webern (1883-1945), compositor austriaco miembro de la Segunda Escuela de Viena, discípulo de Arnold Schönberg, y uno de los exponentes más conocidos del dodecafonismo. Webern no fue un compositor prolífico; sus obras son únicamente 31, y cuando el director y músico francés Pierre Boulez dirigió un proyecto para grabarlas, el resultado final solo ocupó seis discos compactos. Sin embargo, su producción musical fue decisiva para varios estilos musicales, como el serialismo.

Webern también escribió piezas en la llamada atonalidad libre, siguiendo el estilo de las primeras obras atonales de su maestro Schönberg. La atonalidad es el sistema musical que carece de toda relación de los tonos de una obra con un tono fundamental o guía. Esta técnica no es de creación reciente; el oyente atento podrá detectar compases atonales en la obra del compositor barroco Antonio Vivaldi o en las sonatas para piano de Ludwig van Beethoven.

El principio básico del atonalismo consiste en que ningún sonido ejerza atracción sobre cualquier otro que se encuentre en sus cercanías; por eso, el oyente no puede predecir si éste se encuentra al principio o al final de una frase musical. El compositor alemán Richard Wagner ya había hecho un empleo amplio de la atonalidad (el preludio de su ópera Tristán e Isolda presenta la peculiaridad de no repetir el tema inicial, creando así la primera manifestación importante de atonalidad). Algunos considerarán a Richard Wagner, con razón, el primer vanguardista.

Habitualmente, los músicos vanguardistas solían ser rechazados por los grupos culturales convencionales, que veían en su arte una provocación intencional contra los gustos populares. No es posible comprender este movimiento como una sola corriente con características bien definidas, sino como una suma en la que confluyeron diversos compositores y obras que se consideraron extravagantes por diferir de lo acostumbrado.

La vanguardia no es para el consumo de las masas. Sin duda, el ejemplo más utilizado a la hora de explicar el Avant-garde es el de John Cage de 1952, titulado 4 ́33″. En la partitura, en tres movimientos, con una única palabra, “Tacet”, se indica al intérprete (que puede ser desde un piano solo hasta una pequeña orquesta) que ha de guardar silencio y no tocar su instrumento durante 4 minutos y 33 segundos. Algunos teóricos de las vanguardias musicales consideran que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo.

Con el paso de los años, 4 ́33″ se ha convertido en la obra más famosa y controvertida del compositor estadounidense. Se suele insertar la obra de Cage en el contexto rupturista que tuvo lugar en las diferentes disciplinas artísticas a principios del siglo XX; sin embargo, no fue el primer compositor en concebir una pieza formada solamente de silencio. Otros ejemplos incluyen la Marcha Fúnebre para las Exequias de un Hombre Sordo de Alphonse Allais (1897), formada por nueve medidas en blanco, y la Sinfonía de Silencio-Monótono de Yves Klein (1949). El ejemplo de la obra 4 ́33″ de Cage es central porque hasta la actualidad se ve como un desafío a la definición de la música. Es este el espíritu de los vanguardistas.

Igualmente, resulta importante hablar del compositor y director ruso Igor Stravinski, considerado uno de los músicos más trascendentes del siglo XX. El trabajo de Stravinski abrazó múltiples estilos, revolucionando la orquestación y abarcando diversos géneros; prácticamente reinventó el ballet en su forma, incorporando múltiples culturas, idiomas y narrativas. Como consecuencia, su influencia en compositores que lo sucedieron fue considerable y sigue siéndolo aún después de su muerte.

En su obra más famosa, La Consagración de la Primavera, introduce innovaciones como quitar o agregar notas a un motivo sin tener en cuenta los cambios en la métrica. La Consagración de la Primavera es un ballet y obra de concierto orquestal escrito para la temporada 1913 de la compañía Ballets Rusos de Serguei Diaguilev; la coreografía original fue creada por Vaslav Nijiinsky, con escenografía y vestuario de Nicholas Roerich.

Cuando el ballet fue estrenado en el Teatro de los Campos Elíseos, el 29 de mayo de 1913, el carácter vanguardista de la música y la coreografía causó una acogida poco entusiasta y casi un disturbio en la audiencia. La partitura de Stravinski contiene muchas características novedosas para la época, incluyendo experimentos en la tonalidad, métrica, ritmo, acentuación y disonancia. Con más de 100 años, es una obra que sigue considerándose transgresora y de vanguardia y se encuentra en el repertorio estándar de todas las orquestas modernas.

En México, el vanguardismo encontró un eco potente que perdura hasta nuestros días. Un nombre imprescindible es el de Julián Carrillo, que desarrolló la teoría del Sonido 13, primer intento por formalizar el estudio sistemático del microtonalismo. En un texto publicado por Carrillo en la revista Marcha, el músico y teórico apunta lo siguiente:

“El Sonido 13, en el sentido literal de la palabra, fue el primero que rompió el ciclo clásico de los 12 sonidos existentes, a la distancia de 1/16 de tono (que fueron los intervalos logrados por mí en mi experimento entre las notas Sol y La de la cuarta cuerda del violín) y cuya constante matemática es 1.0072; pero ahora el Sonido 13 es un nombre que abarca el total de mi revolución que ha conquistado en su desarrollo una multiplicidad de intervalos musicales jamás soñados; ha inventado y construido nuevos instrumentos que han sido tocados en las salas de concierto más linajudas en Europa y América y que además ha planteado una reforma total de las teorías clásicas tanto de la música, como de la física de la música, que ha escrito los libros técnicos para su desarrollo, inventado un nuevo sistema de escritura.”

El enorme mérito técnico e intelectual de Carrillo en el desarrollo del Sonido 13 fue haber creado una familia de pianos, arpas y otros instrumentos capaces de hacer sonar intervalos equivalentes a cuartos, quintos, sextos, séptimos… y hasta dieciseisavos de tono (llamados microtonos). Entre sus obras más importantes podemos mencionar el Preludio a Colón (1900), El Sexteto en Sol Mayor para dos violines, dios violas y dos violonchelos (1901) y su Primera Sinfonía en Re Mayor para gran orquesta (1901).

Sobre la misma línea creativa, el compositor rumano de origen griego Iannis Xenakis investigó la relación profunda entre las matemáticas y la música, creando complejas producciones audiovisuales. Xenakis define la música estocástica como una música construida con base en el principio de la indeterminación. Introduce las leyes del cálculo de probabilidades, así como la aleatoriedad de acontecimientos naturales; por ejemplo, la colisión del granizo o la lluvia en superficies duras. Esta multitud de sonidos, vista como una totalidad, es un nuevo acontecimiento sonoro articulado que sigue leyes estocásticas. Las obras más relevantes de Xenakis son Metástasis (1953/54) y Pléïades (1978).

Aunque los vanguardistas vivieron y crearon en épocas y contextos diversos, el factor en común de los compositores Avant-garde es la búsqueda de la originalidad y el rompimiento –absoluto o en partes más pequeñas- de los cánones estéticos. Es por eso que, en esencia, la vanguardia es una provocación sonora.


Este articulo se publicó originalmente en Revista Lee+ número 110 y fue escrito por Osiris Domínguez. Dicho número se encuentra disponible de forma digital y en formato físico a través de todas las Librerías Gandhi del país.

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